En un café se vieron por casualidad
Cansados en el alma de tanto andar.
Ella tenía un clavel en la mano.
Él se acercó, le preguntó si andaba bien:
Llegaba a la ventana en puntas de pie,
Y la llevó a caminar por Corrientes.
Miren todos:
Ellos solos
Pueden más que el amor,
Y son más fuertes que el Olimpo.
Se escondieron
En el centro
Y en el baño de un bar
Sellaron todo con un beso.
Durante un mes vendieron rosas en La Paz;
Presiento que no importaba nada más,
Y entre los dos juntaban algo.
No sé porqué, pero jamás los volví a ver.
Él carga con once, ella con seis,
Y si reía le daba la luna.
Miren todos:
Ellos solos
Pueden más que el amor,
Y son más fuertes que el Olimpo.
Se escondieron
En el centro
Y en el baño de un bar
Sellaron todo con un beso.
Si alguna vez vieron y se interesaron en el Guernica, de Picasso, sabrán la terrible historia de la guerra civil española que representa. Sabrán cómo Picasso mostraba el dolor y la angustia con el cubismo, sabrán qué significa cada personaje, sabrán qué quiso mostrar Picasso. Pero, ¿Y si Guernica no significa eso?¿Y si escondido en el Guernica se encuentra un Picasso que no quiso decir lo que pensamos? Hoy, juego a ser ese Picasso escondido, que escribe desde su Guernica.
lunes, 22 de diciembre de 2014
martes, 18 de noviembre de 2014
Volviendo del país del Oasis a tierra
Deberé creer que no quiero hacerlo.
Deberé confiar en mis ojos si huyen
Decididos a ver cómo será este sueño
Donde mi boca no pruebe amor sin dueño
Donde hay rima, vida y hoja confluyen.
Deberé saborear más despacio tus manos.
Procurar no perderme en insomnios sin luces.
Proponerme volver a esos reinos lejanos
Plagados de aires de amores robados
Y poder beber de sus fuentes tan dulces.
Y ya no volveré a ser el que fui antes.
Mis fuerzas pendientes al grito de guerra.
Mis pies besando el suelo cual viejos amantes,
Mi corazón envuelto en amor delirante.
Volviendo del país del Oasis a tierra.
¿Volveré algún día a esas tierras soñadas?
¿Volverán mis penumbras a ser sus fronteras?
¿Veré aquí en mis manos océanos de nada?
Verdades oscuras, mis vidas pasadas
Volverán tal vez a ser mis compañeras.
jueves, 11 de septiembre de 2014
La Ceguera (Teaser 1)
Cuando uno vive toda su vida en un lugar, no podría ni aunque se lo propusiera no conocerlo de memoria. Mi mamá me contaba algunas veces de cómo era antes la ciudad, de cómo las calles parecían susurrar incesantemente una canción que solo un argentino podía reconocer. "La melodía de cada tango de Gardel", me decía ella, ",Y la de cada gol de Maradona. Cada pintura de Berni, cada palabra de Borges y Cortazar, cada color de Caminito, todo revoloteando por la ciudad, sin que nadie se atreviera a callarlo. Era la música de Buenos Aires.". Mi mamá solía cantar algo que siempre reconocí como esa melodía callejera. Mi padre solo una vez habló de su infancia, recordando más las baldosas flojas que salpicaban agua que los campos que luego sabría recorrían el lugar salpicando verdes. Yo, por mi parte, sabía de memoria dónde estaba todo: La biblioteca, con sus maderas corroídas por el paso de los años; El escritorio de mi padre, verde musgo y rojo sangre, en la esquina vecina a mi colchón; El charco de agua que convivía con la habitación desde antes que nosotros llegáramos. Podía caminar hasta cada una de los colchones o sillones donde dormíamos, y reconocer solo con una bocanada de aire quién estaba en ellos. Sabía de memoria casi todos mis libros, por lo que de vez en cuando le robaba uno a mi mamá sin que se diera cuenta. Saborear un libro a escondidas era uno de mis más grandes placeres. Es que, para mí, esos libros cantaban.
Me costó mucho arrancarle alguna palabra a mi madre sobre lo que había pasado. Ninguno de los habitantes del sótano parecía querer recordar lo que mi padre llamaba "El primer día del Año Cero". Yo no comprendía bien por qué casi todos en ese lugar eran tan infelices, ni qué o quién era lo que les había dado su favor para después quitárselo de tal manera que no volvieran a ser los mismos. Solo algunas palabras en mis libros me revelaban que había habido cosas que yo no conocí, y que tal vez no conocería. La única vez que mamá habló sobre el tema, me explicó que yo había nacido en el día 17 del Año Cero, poco después del desastre que había encerrado a mis padres en el sótano donde vivíamos. Me había dicho que no era posible volver atrás, y que no me preocupase de cosas que jamás entendería. Pero había palabras que volaban en mi cabeza, y que no podría sacar de allí hasta saber su significado. Ellos accedieron a explicarme la mayoría de ellas, pero siempre obviaron la única que yo sabía que esclarecería todas mis dudas. Yo solo pasaba horas y horas mirando la brillante Luz del que había sido nuestro hogar por los últimos 16 años, preguntándome qué había pasado entonces; Qué es lo que era el Sol, y qué había pasado con él.
lunes, 28 de julio de 2014
Cualquier otro siete, Cualquier otro año
Ambos despertaron con el sol. Ninguna de sus dos almas podía resistirse al calor de un nuevo día; Tal vez, porque entendieron la importancia de salir a probarlo.
Sólo ellos podían conocer lo que harían. Sólo ellos eran dueños de su plan.
Y así pusieron nuevamente sus pies en la tierra, y se vistieron despacio, como quien advierte un final, o un principio; O tal vez ambos. Ninguno de los dos había despertado solo, ni tampoco se acompañaba a sí mismo al desayunar. No sabían vivir en soledad, quizá por inexperiencia o temor, a costa de su necesidad de afecto casi reconfortante. Solo sabían vivir con esa persona a su lado. Y es que se necesita un compañero para cargar semejantes armas y comprender su poder: Sólo un agente de lo tercero puede vivir para comunicarle al victimario lo que su poder es capaz de alcanzar.
Sus uniformes brillaron ante la luz del sol, radiantes de colores con nombres de padres y madres, de hijos y enemigos, y de ellos mismos viéndose al pasar frente al vidrio de un auto. Pero también revoloteaban en uno campantes las sombras de un dolor crónico y punzante; Y en el otro se podía escuchar el canto de un sueño que sonaba a libertad. Y aún así, solo ellos adivinaban cuáles serían sus porvenires.
Las dos y cuarto bailaron en el reloj, y luego las tres, y más tarde las cinco. Faltaba poco para que sus ojos se cruzaran por primera vez, y hasta me animaría a decir que por última. El sol se apuraba a entrometerse en los bombardeados edificios de Gaza, casi sin advertir que un suceso mucho más importante eclipsaría su hermosa despedida. Las siete se asomaban por el borde de un despertador en una casa cercana a las dos miradas que acababan de cruzarse.
Todo pasó demasiado rápido: Cada uno sólo tuvo tiempo de admirar el arma ajena para sentenciar su propio final. Los ojos de ambos rondaban al otro en busca de una ayuda divina, sin saber que la divinidad no tenía nada que ver en sus disputas. Solo un minuto los separaba de sus destinos, o de su destino conjunto, que auguraba no pasar impune, sea cual fuera el vencedor de aquél duelo de miradas.
Ya era hora. Alguno debía actuar, o aquel forastero terminaría llevándose esta batalla.
Y entonces Maryam le entregó la flor que llevaba al oficial israelí. Le entregó su paz.
Ojalá eso hubiera sido suficiente.
La vida no vale nada (Pablo Milanés)
La vida no vale nada
Si no es para perecer
para que otros pueda tener
lo que uno disfruta y ama.
La vida no vale nada
si yo me quedo sentado
después que he visto y soñado
que en todas partes me llaman.
La vida no vale nada
cuando otros se están matando
y yo sigo aquí, cantando,
cual si no pasara nada.
La vida no vale nada
si escucho un grito mortal
y no es capaz de tocar
mi corazón que se apaga.
La vida no vale nada
si ignoro que el asesino
cogió por otro camino
y prepara otra celada
La vida no vale nada
si se sorprende a otro hermano
cuando supe de antemano
lo que se le preparaba.
La vida no vale nada
si cuatro caen por minuto
y al final por el abuso
se decide la jornada.
La vida no vale nada
si tengo que posponer
otro minuto de ser
y morirme en esta cama.
La vida no vale nada
si, en fin, lo que me rodea
no puede cambiar cual fuera
lo que tengo y que me ampara.
Y por eso, para mí,
la vida no vale nada.
Si no es para perecer
para que otros pueda tener
lo que uno disfruta y ama.
La vida no vale nada
si yo me quedo sentado
después que he visto y soñado
que en todas partes me llaman.
La vida no vale nada
cuando otros se están matando
y yo sigo aquí, cantando,
cual si no pasara nada.
La vida no vale nada
si escucho un grito mortal
y no es capaz de tocar
mi corazón que se apaga.
La vida no vale nada
si ignoro que el asesino
cogió por otro camino
y prepara otra celada
La vida no vale nada
si se sorprende a otro hermano
cuando supe de antemano
lo que se le preparaba.
La vida no vale nada
si cuatro caen por minuto
y al final por el abuso
se decide la jornada.
La vida no vale nada
si tengo que posponer
otro minuto de ser
y morirme en esta cama.
La vida no vale nada
si, en fin, lo que me rodea
no puede cambiar cual fuera
lo que tengo y que me ampara.
Y por eso, para mí,
la vida no vale nada.
miércoles, 14 de mayo de 2014
Vidas Servidas
La oscuridad se sonreía, maliciosa y errante.
Sus ojos me sondeaban intrigados, buscando furtivos
un momento idóneo donde atormentar mi ser.
De vez en cuando lo logran, tal vez a fuerza de mi necia naturaleza.
Y solo entonces ella logra atravesarme y quedo a su
completa merced, en un insaciable mar de
que goza de inundar mi ser, y mi voz.
En ocasiones, hasta ha querido salpicar mi Vos.
Mas ni yo ni nadie podemos escapar de Maquiavelo.
Somos marionetas de esta incertidumbre sin palabras,
sin filias y sin saberes.
¿Qué platónico ser me rescatará de mis cavernas,
de mis sombras privadas y personales?
¿Qué virgiliano ente se dejará ser en sueños,
o tal vez en sueños de libros,
para guiarme por cielos e infiernos?
Podrá tener nombre, o nombres, o acaso
no los necesite; O no necesite yo poseerlos en mi haber.
Podrá tener cuerpos vivos, que latan en carne, o en tinta;
Que fluyan en sangre, o en mis oídos.
Podrá ser quien no crea capaz, y me ahonde yo entonces
aún más en mis inocentes falacias.
O podrá no ser quien crea adecuado, y deguste yo
nuevas gotas de inconsciencia forastera.
Eres tú.
Y soy yo.
Y no es nadie, y son todos, y es incluso nada y todo
confluyendo, y ninguna de las dos a su vez.
Es mi vivir encontrarle, o encontrarles, y no hacerlo también.
Con algo más que azar a mi favor, la calidez de un resplandor
me iluminará de vez en cuando. Y tal vez tenga tu nombre. Tu Vos.
Sus ojos me sondeaban intrigados, buscando furtivos
un momento idóneo donde atormentar mi ser.
De vez en cuando lo logran, tal vez a fuerza de mi necia naturaleza.
Y solo entonces ella logra atravesarme y quedo a su
completa merced, en un insaciable mar de
que goza de inundar mi ser, y mi voz.
En ocasiones, hasta ha querido salpicar mi Vos.
Mas ni yo ni nadie podemos escapar de Maquiavelo.
Somos marionetas de esta incertidumbre sin palabras,
sin filias y sin saberes.
¿Qué platónico ser me rescatará de mis cavernas,
de mis sombras privadas y personales?
¿Qué virgiliano ente se dejará ser en sueños,
o tal vez en sueños de libros,
para guiarme por cielos e infiernos?
Podrá tener nombre, o nombres, o acaso
no los necesite; O no necesite yo poseerlos en mi haber.
Podrá tener cuerpos vivos, que latan en carne, o en tinta;
Que fluyan en sangre, o en mis oídos.
Podrá ser quien no crea capaz, y me ahonde yo entonces
aún más en mis inocentes falacias.
O podrá no ser quien crea adecuado, y deguste yo
nuevas gotas de inconsciencia forastera.
Eres tú.
Y soy yo.
Y no es nadie, y son todos, y es incluso nada y todo
confluyendo, y ninguna de las dos a su vez.
Es mi vivir encontrarle, o encontrarles, y no hacerlo también.
Con algo más que azar a mi favor, la calidez de un resplandor
me iluminará de vez en cuando. Y tal vez tenga tu nombre. Tu Vos.
martes, 1 de abril de 2014
El misterio de tu corazón
¿Qué pensás?
Una única pregunta a infinidades de respuestas.
Es, tal vez, el punto de partida: La llave maestra a todas las puertas.
Realidades entremezcladas sin una pizca de azar
Éramos eso: Dos dudas en busca de sus respuestas.
Soy aún un niño que continúa en búsqueda de otras.
Sobre todo hoy. Sobre todo ahora.
Esta vez, la respuesta es vital. O vitalicia. O ambas.
Realmente espero que ambas.
Mentiría al decir que me resulta sencillo.
Intentaría, acaso, acallar mi nerviosismo. Pero con vos no es necesario.
Negaría mi inexperiencia y procuraría la fuga de mi sentir si de
Otras manos se tratase. Y son solo la claridad y la
Veracidad de tus palabras las que me obligan a regalarte mi
Interrogante mejor, que ya es verbo vivo y danzante sobre este papel,
Aguardando esa respuesta que solo tu corazón es capaz de revelar.
Una única pregunta a infinidades de respuestas.
Es, tal vez, el punto de partida: La llave maestra a todas las puertas.
Realidades entremezcladas sin una pizca de azar
Éramos eso: Dos dudas en busca de sus respuestas.
Soy aún un niño que continúa en búsqueda de otras.
Sobre todo hoy. Sobre todo ahora.
Esta vez, la respuesta es vital. O vitalicia. O ambas.
Realmente espero que ambas.
Mentiría al decir que me resulta sencillo.
Intentaría, acaso, acallar mi nerviosismo. Pero con vos no es necesario.
Negaría mi inexperiencia y procuraría la fuga de mi sentir si de
Otras manos se tratase. Y son solo la claridad y la
Veracidad de tus palabras las que me obligan a regalarte mi
Interrogante mejor, que ya es verbo vivo y danzante sobre este papel,
Aguardando esa respuesta que solo tu corazón es capaz de revelar.
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