jueves, 8 de enero de 2015

Je Suis Charlie

La naturaleza del sustantivo abstracto es bastante triste: Efímera e inerte, este arma no puede más que ser manejada por su al rededor. El sustantivo abstracto es directamente dependiente del "Otro" para existir, puesto que si nadie pronuncia su nombre este muere sin remedio. Sin embargo, aunque frágil en su soledad, esta herramienta del habla es poderosa en manos de un amo hábil. Existen grandes sustantivos abstractos a lo largo de la historia deseados por sus hermanos concretos: Desde el más carenciado de los Plebeyos hasta los Reyes hartos de lujos se han vuelto locos por el Amor, el Dolor, e incluso por el más infame de las ilusiones que el hombre haya imaginado, el poder. El poder no está exento de la necesidad de un vocero, así como el pronunciante de la palabra no está librado del otro que afirma su poder. Solo se tiene poder una vez que otro es inferior, es decir, que no posee el mismo poder que uno. 
En cambio, la sola complexión del verbo demuestra su superioridad sobre el pobre sustantivo abstracto. El verbo no requiere de un pronunciante, sino de un actor. Si yo corro existe el Correr, si yo hablo,en consecuencia, existe el Hablar. Esto otorga al verbo una facultad única entre sus compañeros: El verbo es tan necesario como su contraparte en el plano físico. Si yo soy, existe el Ser; Pero al mismo tiempo, yo soy porque existe en el mundo la posibilidad de Ser. 
Ayer fue un día nefasto para la Sociedad. Y no me refiero a la francesa, ni a la de cualquier nacionalidad. Ayer fue el día en que la Sociedad, la palabra Sociedad, perdió su significado. Ayer, 07/01/15, la espada fue más rápida que la pluma, la fuerza bruta valió más que la maña. Un nuevo ciclo, un año recién nacido murió a solo una semana de haber nacido. La posibilidad de un mundo nuevo que se nos regaló hace tan solo ocho días se apagó sin retorno, y solo nos queda llorar su muerte. Ayer, el silencio venció por sobre todas las palabras de todos los idiomas de este pedazo de tierra en el que viajamos por la eternidad que se nos escapa de las manos. Ayer, finalmente venció el silencio. Pero no hoy. Hoy mi garganta explota en un grito enardecido por el Dolor y la Crueldad, por la Pasión que quema este pecho buscando revancha. Hoy, voy a Llorar mis lágrimas, pero jamás en Silencio, jamás en Olvido. Hoy me Levanto para Poder recordarle a las naciones que la lucha no terminó, que nunca lo hará. Hoy quiero Poder escribir sin miedo a acunar una bala en mi cuerpo. Hoy quiero Poder gritar mis versos, y mis ensayos, y mi Dolor, y mi Amor, y todo lo que mi cabeza sueñe o sienta, sin temer que mi grito se pierda en una bandada de plomo. Hoy quiero Poder correr por la calle sin tropezarme, Poder mirarme al espejo y que mis ojos me vean solo a mí en mis pupilas ya cansadas, Poder tocar una nota, Poder escribir un verso, Poder dibujar una sátira en la tapa de una revista. Hoy, y hasta que mis pulmones dejen de mover el aire que me rodea y me da vida, quiero tan solo vivir para que todos Puedan. Hoy quiero Poder, en un mundo de gente que quiere poder.

A las víctimas del atentado terrorista en Francia, cuna del libre pensamiento, alma poética de los lenguajes romances, atestiguado el 07/01/15. Je suis Chralie, et tous les journalistes tués hier.

lunes, 5 de enero de 2015

Arbitrariedades

Mis andares han vuelto a ser arena de su reloj;
Fugaces, efímeros, dueños tan solo de sus fines cantados.
El recorrer de mis pupilas hoy saben a vanidad amarga y cobarde.
Deberán descansar las huellas de mis pies abatidos,
y solo entonces mi propio avanzar dejará de atropellarme.
Durante demasiado mi apatheia fue el reverso de mi odiado.
Hoy solo puedo desangrarme en tinta que con desdicha se percata
que el antagonista y su origen son la misma cosa,
de una misma carne, arrojados por una única mano,
dos caras inalienables de su moneda hospedadora.
Mis dos mitades se desgarran mutuamente en el encuentro,
ajenas al ininterrumpido sufrir de su anfitrión.
Un alma deshilachada flamea con la brisa de las eras,
orgullosa de aún mantenerse en pie,
avergonzada de seguir deshaciéndose pese a la lejanía
de aquel último zarpazo que estremeció su pasivo dormitar.
Tal vez el río la encuentre poniendo fin a la eterna
contemplación de su sombra, vislumbrando la luz que dio vida
a ella misma y a su renegrida compañera,
o bien abrazando su epitafio premeditado y funambulesco,
que osó jugar a ser azar sin mostrar arbitrariedad alguna.

lunes, 22 de diciembre de 2014

11 y 6 (Fito Páez)

En un café se vieron por casualidad
Cansados en el alma de tanto andar.
Ella tenía un clavel en la mano.
Él se acercó, le preguntó si andaba bien:
Llegaba a la ventana en puntas de pie,
Y la llevó a caminar por Corrientes.
Miren todos:
Ellos solos
Pueden más que el amor,
Y son más fuertes que el Olimpo.
Se escondieron
En el centro
Y en el baño de un bar
Sellaron todo con un beso.
Durante un mes vendieron rosas en La Paz;
Presiento que no importaba nada más,
Y entre los dos juntaban algo.
No sé porqué, pero jamás los volví a ver.
Él carga con once, ella con seis,
Y si reía le daba la luna.
Miren todos:
Ellos solos
Pueden más que el amor,
Y son más fuertes que el Olimpo.
Se escondieron
En el centro
Y en el baño de un bar
Sellaron todo con un beso.

martes, 18 de noviembre de 2014

Volviendo del país del Oasis a tierra

Deberé creer que no quiero hacerlo.
Deberé confiar en mis ojos si huyen
Decididos a ver cómo será este sueño
Donde mi boca no pruebe amor sin dueño
Donde hay rima, vida y hoja confluyen.
Deberé saborear más despacio tus manos.
Procurar no perderme en insomnios sin luces.
Proponerme volver a esos reinos lejanos
Plagados de aires de amores robados
Y poder beber de sus fuentes tan dulces.
Y ya no volveré a ser el que fui antes.
Mis fuerzas pendientes al grito de guerra.
Mis pies besando el suelo cual viejos amantes,
Mi corazón envuelto en amor delirante.
Volviendo del país del Oasis a tierra.
¿Volveré algún día a esas tierras soñadas?
¿Volverán mis penumbras a ser sus fronteras?
¿Veré aquí en mis manos océanos de nada?
Verdades oscuras, mis vidas pasadas
Volverán tal vez a ser mis compañeras. 

jueves, 11 de septiembre de 2014

La Ceguera (Teaser 1)

          Cuando uno vive toda su vida en un lugar, no podría ni aunque se lo propusiera no conocerlo de memoria. Mi mamá me contaba algunas veces de cómo era antes la ciudad, de cómo las calles parecían susurrar incesantemente una canción que solo un argentino podía reconocer. "La melodía de cada tango de Gardel", me decía ella, ",Y la de cada gol de Maradona. Cada pintura de Berni, cada palabra de Borges y Cortazar, cada color de Caminito, todo revoloteando por la ciudad, sin que nadie se atreviera a callarlo. Era la música de Buenos Aires.". Mi mamá solía cantar algo que siempre reconocí como esa melodía callejera. Mi padre solo una vez habló de su infancia, recordando más las baldosas flojas que salpicaban agua que los campos que luego sabría recorrían el lugar salpicando verdes. Yo, por mi parte, sabía de memoria dónde estaba todo: La biblioteca, con sus maderas corroídas por el paso de los años; El escritorio de mi padre, verde musgo y rojo sangre, en la esquina vecina a mi colchón; El charco de agua que convivía con la habitación desde antes que nosotros llegáramos. Podía caminar hasta cada una de los colchones o sillones donde dormíamos, y reconocer solo con una bocanada de aire quién estaba en ellos. Sabía de memoria casi todos mis libros, por lo que de vez en cuando le robaba uno a mi mamá sin que se diera cuenta. Saborear un libro a escondidas era uno de mis más grandes placeres. Es que, para mí, esos libros cantaban.
            Me costó mucho arrancarle alguna palabra a mi madre sobre lo que había pasado. Ninguno de los habitantes del sótano parecía querer recordar lo que mi padre llamaba "El primer día del Año Cero". Yo no comprendía bien por qué casi todos en ese lugar eran tan infelices, ni qué o quién era lo que les había dado su favor para después quitárselo de tal manera que no volvieran a ser los mismos. Solo algunas palabras en mis libros me revelaban que había habido cosas que yo no conocí, y que tal vez no conocería. La única vez que mamá habló sobre el tema, me explicó que yo había nacido en el día 17 del Año Cero, poco después del desastre que había encerrado a mis padres en el sótano donde vivíamos. Me había dicho que no era posible volver atrás, y que no me preocupase de cosas que jamás entendería. Pero había palabras que volaban en mi cabeza, y que no podría sacar de allí hasta saber su significado. Ellos accedieron a explicarme la mayoría de ellas, pero siempre obviaron la única que yo sabía que esclarecería todas mis dudas. Yo solo pasaba horas y horas mirando la brillante Luz del que había sido nuestro hogar por los últimos 16 años, preguntándome qué había pasado entonces; Qué es lo que era el Sol, y qué había pasado con él.

lunes, 28 de julio de 2014

Cualquier otro siete, Cualquier otro año

Ambos despertaron con el sol. Ninguna de sus dos almas podía resistirse al calor de un nuevo día; Tal vez, porque entendieron la importancia de salir a probarlo.
Sólo ellos podían conocer lo que harían. Sólo ellos eran dueños de su plan.
Y así pusieron nuevamente sus pies en la tierra, y se vistieron despacio, como quien advierte un final, o un principio; O tal vez ambos. Ninguno de los dos había despertado solo, ni tampoco se acompañaba a sí mismo al desayunar. No sabían vivir en soledad, quizá por inexperiencia o temor, a costa de su necesidad de afecto casi reconfortante. Solo sabían vivir con esa persona a su lado. Y es que se necesita un compañero para cargar semejantes armas y comprender su poder: Sólo un agente de lo tercero puede vivir para comunicarle al victimario lo que su poder es capaz de alcanzar.
Sus uniformes brillaron ante la luz del sol, radiantes de colores con nombres de padres y madres, de hijos y enemigos, y de ellos mismos viéndose al pasar frente al vidrio de un auto. Pero también revoloteaban en uno campantes las sombras de un dolor crónico y punzante; Y en el otro se podía escuchar el canto de un sueño que sonaba a libertad. Y aún así, solo ellos adivinaban cuáles serían sus porvenires.
Las dos y cuarto bailaron en el reloj, y luego las tres, y más tarde las cinco. Faltaba poco para que sus ojos se cruzaran por primera vez, y hasta me animaría a decir que por última. El sol se apuraba a entrometerse en los bombardeados edificios de Gaza, casi sin advertir que un suceso mucho más importante eclipsaría su hermosa despedida. Las siete se asomaban por el borde de un despertador en una casa cercana a las dos miradas que acababan de cruzarse.
Todo pasó demasiado rápido: Cada uno sólo tuvo tiempo de admirar el arma ajena para sentenciar su propio final. Los ojos de ambos rondaban al otro en busca de una ayuda divina, sin saber que la divinidad no tenía nada que ver en sus disputas. Solo un minuto los separaba de sus destinos, o de su destino conjunto, que auguraba no pasar impune, sea cual fuera el vencedor de aquél duelo de miradas.
Ya era hora. Alguno debía actuar, o aquel forastero terminaría llevándose esta batalla.
Y entonces Maryam le entregó la flor que llevaba al oficial israelí. Le entregó su paz.
Ojalá eso hubiera sido suficiente.

La vida no vale nada (Pablo Milanés)

La vida no vale nada
Si no es para perecer 
para que otros pueda tener
lo que uno disfruta y ama.

La vida no vale nada

si yo me quedo sentado
después que he visto y soñado
que en todas partes me llaman.

La vida no vale nada

cuando otros se están matando
y yo sigo aquí, cantando,
cual si no pasara nada.

La vida no vale nada

si escucho un grito mortal
y no es capaz de tocar
mi corazón que se apaga.

La vida no vale nada

si ignoro que el asesino
cogió por otro camino
y prepara otra celada

La vida no vale nada

si se sorprende a otro hermano
cuando supe de antemano
lo que se le preparaba.

La vida no vale nada

si cuatro caen por minuto
y al final por el abuso
se decide la jornada.

La vida no vale nada

si tengo que posponer
otro minuto de ser
y morirme en esta cama.

La vida no vale nada

si, en fin, lo que me rodea
no puede cambiar cual fuera
lo que tengo y que me ampara.

Y por eso, para mí,

la vida no vale nada.